viernes, 3 de junio de 2016

UN POEMA EXCLUIDO DE EL CAUDAL


 
A la memoria de Pepe Satorre





UN HOMBRE JOVEN



UN hombre joven me habla de su padre.

A nuestro alrededor, sus hijos juegan, hacen el puente, corren, mientras él continúa hablándome de aquel padre que ahora ya no existe.

Describe con afecto cómo fueron sus manos, parecidas al adobe.

Al adobe. O a leños:

«Con un ascua cogida de las brasas lo vi prenderse un cigarrillo», dice.

Recuerda el ascua —intensa— entre sus dedos.

Yo recuerdo los golpes de su azada en la tierra, también ahora recuerdo.

Los oía sonar pausadamente casi todas las tardes, frente al cuarto donde había silencio y escuchaba.

Fue una canción del monte.

Levantaba los ojos,

y entonces lo veía detenerse, erguido junto a alguno de sus árboles, concentrado, el hermoso cabello encanecido.

Y se extendía así, mirando el árbol muchos minutos. Muchos. Más de una vez con unas hojas entre los dedos.

El hijo sigue hablándome del padre.

Y continúa hablándome, mientras yo sé que sus palabras son un ascua encendida que tomo con la mano.

(2012)